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​Cordialidad, lo que cautiva a los ecuatorianos de la atención al cliente | Economía | Noticias

​Cordialidad, lo que cautiva a los ecuatorianos de la atención al cliente | Economía | Noticias
Noticias Ecuador

Texto: Belén Zapata y Juan Pablo Pérez 

Fotos: Carlos Barros

“Buenas tardes”, “¿Cómo estás?, “Toma asiento”, “¿En qué puedo servirla?”, “Fue un gusto atenderte”, son algunas de las frases que reciben los ecuatorianos cuando son atendidos por extranjeros. Así lo constató este equipo periodístico durante un recorrido por diversos negocios en Guayaquil.

Ciudadanos manifestaron que se sienten a gusto con la atención de los inmigrantes por la confianza, amabilidad y respeto que transmiten. Es el caso del ecuatoriano Alfredo Salas, quien acudió a un negocio venezolano ambulante de venta de papas rellenas. Afirma que quedó sorprendido. “Es la primera vez que veo que una persona hace todo lo posible por conseguirme un aderezo, el joven corrió desesperado y todo para hacerme sentir bien”.

Al igual que Salas existen más clientes que han sido atendidos por otros extranjeros como colombianos, libaneses, chinos, cubanos y peruanos. Sin embargo, se evidencia más la presencia de venezolanos por la crisis económica y política que azota a ese país. Unos laboran en comercios nacionales y otros en sus propios negocios, cuyos ingresos dependen de la atención al usuario.

Según especialistas, la mayoría de ecuatorianos se inclina a la atención que recibe del migrante por la respuesta inmediata o la búsqueda de medios para que el cliente se sienta satisfecho. Este afán se da por diversas variables: la necesidad de integración del extranjero a una sociedad distinta, su nivel de preparación y cultura.

Así lo explica Germán Lynch, director de Idepro (Instituto de Desarrollo Profesional de la Cámara de Comercio): “Creo que hay una delgada línea que tenemos que identificar y es la necesidad del trabajador extranjero en conseguir una plaza de trabajo aquí en el Ecuador. Normalmente cuando estás necesitado de un trabajo o cuando comienzas recién en un trabajo decimos normalmente ‘escoba nueva barre bien’. Entonces intentas dar lo mejor de ti y ser lo más proactivo posible, lo más carismático para con tus clientes”.

Mauro Hernández, venezolano y dueño de una barbería ubicada en las calles Pedro Moncayo y 10 de Agosto, asegura que la atención es una mezcla de cultura y necesidad. “Somos muy activos, carismáticos, a todo le ponemos buena vibra, pero (en algunos campos) somos mejores porque la situación nos enseña”, dice.

El venezolano Mauro Hernández en su local ubicado en el centro de Guayaquil.

Hernández, de 30 años, es un bombero profesional y trabaja con ocho compatriotas, entre ellos, Raúl Quivera (16) e Iris García (27). Ellos consideran que el ecuatoriano es tímido y cerrado para entablar una conversación con el cliente.

Sostienen que le falta ser más atento con todo tipo de personas, darle la razón siempre al cliente y tratar de buscarle soluciones como, por ejemplo: si no hay un producto en específico, mostrarle otra opción, pero no responder: “no hay”, “no sé”, “no estoy especializado en eso”, sugieren.

Héctor Bujanda, venezolano y docente de maestría en la Universidad Casa Grande, asevera que Ecuador se está abriendo una nueva realidad. Afirma que sus compatriotas -en su gran mayoría- están por encima del promedio, es decir, son profesionales que compiten en trabajos más bajos de los que realizaban en Venezuela.

El docente venezolano Héctor Bujanda.

Con esto concuerda el sociólogo Rubén Aroca, quien asevera que la parte cultural es un punto fuerte a favor del extranjero para su integración. Sin embargo, acorde a su experiencia, cree que la atención venezolana no está a mucha distancia de la ecuatoriana y colombiana.

​Aunque Lynch considera que “no depende necesariamente de la cultura del ecuatoriano o de la cultura del extranjero sino más bien de las ganas de la persona para superarse a sí mismo“.

La​s​ familia​s​ de Enso Cordero, venezolano y dueño de ‘Las Arepas del Chamo’, ubicada en la​ novena etapa de la ciudadela La​ Alborada y de Lissette Mendoza, de la misma nacionalidad, quien labora como mesera en un local de Urdesa, forman parte de las cifras de flujo migratorio.

​Entre enero y abril de 2018 fueron los venezolanos los que más ingresaron al país (284.277), seguidos por los colombianos (120.156) y los estadounidenses (85.679), según la Subsecretaría de Migración​. 

De acuerdo al sociólogo Aroca, la integración de extranjeros ha sido, en especial, a través del empleo y por la falta de restricciones en movilidad. Aconseja pensar en políticas públicas para estos casos.

Atención ecuatoriana ¿bajó de nivel?

Los expertos Bujanda y Aroca concuerdan en que,  a pesar de que cada país tenga su cultura y su forma de tratar, el campo comercial se requiere de esfuerzos porque los trabajadores son el reflejo de la empresa.

Tampoco creen que la atención ecuatoriana haya decaído sino que se debe a varios factores: falta de preparación familiar, educativa, empresarial; y competencia con extranjeros profesionales. Por ejemplo: un migrante con título en Marketing frente a un ciudadano que no terminó el bachillerato.

Mauro Hernández y Enso Cordero, ambos emprendedores, aseguran que tengan o no un título o negocio, el buen trato debe considerarse lo primordial para todo. “Eso lo que me enseñaron”, dice Hernández y agrega que todo dueño depende del cliente y el trabajador, cuyo nexo es la atención.

Enso Cordero, venezolano propietario de “Las Arepas del Chamo” en el norte de Guayaquil.

Durante un recorrido por el sector de la Bahía, avenida 9 de Octubre y el sur de Guayaquil, ciudadanos indican que el trato ecuatoriano no es malo, pero que hace falta ver el “esmero”.

Carlos, padre de familia, dice que en la mayoría de establecimientos con personal ecuatoriano a los que ha acudido no ha sido mal atendido; sin embargo, cuenta que esperó casi 5 minutos en una cadena de venta de postres. “Del coraje les dije: hace falta un venezolano”.

El docente en Mercadotecnia, William Quimí, cree que es necesario el trabajo en conjunto: empresario y empleador bajo una cultura dirigida al mercado laboral.

“Mi reina”, “Mi vida”, “Mi cielo”

Todo negocio utiliza estrategias para atraer clientes como promociones y concursos, pero las frases: “mi corazón”, “mi amor”, ¿hacen ganar más adeptos a un negocio?

Rocío Mora fue atendida por un extranjero en un local de Guayaquil. Relata que é​ste le dijo: ​”​¿​C​ómo estás mi reina, en qué te ayudo?​”.​ Asevera que no lo vio mal, pero en negocios nacionales siente que no es lo mismo. “El primero me generó más confianza, me hablaba bastante del producto, en cambio el otro no, me veía de una forma que me sentí incómod​a​”.

De acuerdo a extranjeros y establecimientos nacionales, el usuario no se ofende o tiende a no sentirse mal por la forma cómo se expresan dichas frases.

Una bandera venezolana destaca junto a locales comerciales en la calle Pedro Moncayo, en el centro de Guayaquil.

Cordero, por ejemplo, cuenta que su pequeño negocio de venta de arepas, ha crecido en cinco años gracias a la atención. “Trato de que el cliente se sienta a gusto porque yo me debo a ellos, no es un favor que me hacen”, asegura y añade que las frases que ellos emplean: “​¿Cómo estás mi cielo?​”​, ​”​¿En qué puedo ayudarte mi chama?​”​, no significan un coqueteo sino una muestra de cariño.

Hernández comparte ese pensamiento y aclara que la diferencia radica en la determinación y por eso el público gusta de esa atención.​ ​(I)

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