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Alberto Molina Flores: Flujos y reflujos en Latinoamérica | Columistas | Opinión

Alberto Molina Flores: Flujos y reflujos en Latinoamérica | Columistas | Opinión
Noticias Ecuador

Sergio Ramírez, escritor, exvicepresidente de Nicaragua –se retiró a tiempo del sandinismo porque se percató de que con Daniel Ortega se había instaurado un remozado somocismo–, nos entrega un brillante artículo: ‘Esperpentos en perpetuo retorno’; señala que “la historia de América Latina es como una marea, con flujos y reflujos. El siglo veintiuno, el de las luces tecnológicas, nos ha traído nuevos regímenes dictatoriales que han tomado por divisa el populismo, el peor de los cinismos políticos. Por tanto, debemos esperar un nuevo ciclo de novelas de dictadores, los mismos esperpentos de Valle Inclán, solo que bajo un nuevo maquillaje”.

Igual como en Centroamérica, hay muchas historias de dictadores civiles y militares, narradas por escritores de nuestra región, en ellas nos cuentan las excentricidades, caprichos, ridiculeces y toda clase de abusos cometidos por los dictadores.

Podemos señalar que la novela precursora de este tema, que ha sido una constante en nuestra historia, es Facundo, del argentino Domingo Faustino Sarmiento, que se refiere al dictador Juan Manuel Rosas, luego sigue una larga lista de la vida de dictadores como Mariano Melgarejo, en Bolivia; José Gaspar Rodríguez de Francia, en Paraguay; Porfirio Díaz, en México; Rafael Leónidas Trujillo, en la República Dominicana, etc. El escritor boliviano Víctor Montoya, en su estudio sobre El dictador en la literatura latinoamericana, señala: “…cuyos hechos no conocen límites excluyentes entre la realidad y la fantasía, aparecen expuestos en las obras de los novelistas contemporáneos: en Yo el Supremo, de Augusto Roa Bastos; El recurso del método, de Alejo Carpentier; El señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias; Oficio de difuntos, de Arturo Uslar Pietri; El dictador suicida, de Augusto Céspedes; La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa; La tempestad y la sombra, de Néstor Taboada Terán, y en El otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez, quien confesó haber leído durante diez años la biografía de varios dictadores, antes de escribir su novela, en la cual recrea a un dictador con los pedacitos de los dictadores latinoamericanos”.

El diario alemán Die Gegenwart publicó el 1 de agosto de 1951 lo siguiente: “Hitler no hubiera podido causar el daño que ocasionó si no hubiera poseído una capacidad extraordinaria de sugestionar y engañar a la gente. Esto es lo sorprendente, que existan personas tan perversas que, bajo la apariencia de lo divino, y con el adorno de la sonrisa, las lágrimas y el lenguaje aparente del corazón, sepan captar la simpatía y la voluntad de los demás para conducirles a la hecatombe”.

En conclusión, podemos señalar que en el fondo, los métodos de control y la forma de actuar de los dictadores en cualquier sitio y en cualquier tiempo se rigen por unos patrones muy similares: control de la prensa libre y de la justicia; persecución implacable a sus adversarios; terror y propaganda, creación de organizaciones paramilitares paralelas a las Fuerzas Armadas para la represión, etc.

Concordando con Sergio Ramírez en que “debemos esperar un nuevo ciclo de novelas de dictadores”, hay harto material en este tema; los Castro, los Ortega, los Chávez, los Morales, los Maduro, los Correa son el mejor ejemplo de los flujos y reflujos de la atribulada historia latinoamericana. (O)

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