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Alfonso Oramas Gross: Calmando apetitos | Columistas | Opinión

Alfonso Oramas Gross: Calmando apetitos | Columistas | Opinión
Noticias Ecuador

Respecto a la pregunta que se planteará en la próxima consulta popular acerca del principio de la alternabilidad dejando sin efecto la reelección indefinida, es fundamental hacer un poco de memoria y recordar las formas y procedimientos mediante los cuales la Asamblea Nacional aprobó tal reelección indefinida en diciembre del 2015, desoyendo la opinión ciudadana que en su gran mayoría estaba en desacuerdo con la referida reelección indefinida. En ese contexto y como era de esperarse, los asambleístas afines al Gobierno descartaron la posibilidad de que la reelección indefinida sea sometida a votación popular, optando por la salida fácil, y a criterios de muchos inconstitucional, de “legitimar” la reforma mediante una simple enmienda constitucional.

Mucho se discutió en su momento respecto de que no cabía introducir la figura de la reelección indefinida como una simple enmienda constitucional, pues “desnaturalizaba la forma en que los principios del Estado de derecho y de democracia deliberativa están configurados en la Constitución del Ecuador”, afectando también de forma notable el principio de separación de poderes; lo sensato hubiese sido que una reforma de ese tipo sea consultada necesariamente a la ciudadanía, más allá de que hay quienes sostenían que el único trámite constitucional apropiado para tales efectos era la convocatoria a una Asamblea Constituyente; sin embargo, la mayoría de asambleístas, acatando la decisión del Gobierno, optó por el atajo de la simple enmienda constitucional ante la constancia de un hecho previsible: si el pueblo era consultado, con seguridad hubiese rechazado la posibilidad de reforma de ese tipo.

Por eso reitero la necesidad de revisar y cuestionar el fondo y la forma de la aprobación de la reelección indefinida por parte de la Asamblea Nacional, pues más allá de la discusión constitucional, debe quedar claro que la movida oficialista excluyó de manera deliberada la voz ciudadana advirtiendo que en una votación popular no pasaría la reelección indefinida, sin perjuicio de que una vez que fue aprobada vía enmienda, tampoco se dio una movilización ciudadana capaz de desactivar el desafuero cometido. Reconocida la forma espuria con que fue introducida la reelección indefinida, no cabe duda de que la pregunta a plantearse en la consulta popular es válida, procedente y debería rectificar un error histórico, no obstante que el expresidente alegue que de lo único que se trata es de impedir su nueva reelección y que estamos ante las puertas de un “golpe de Estado plebiscitario”.

Si tan convencido se encuentra el exmandatario de su popularidad, así como de una eventual reelección en el caso de postularse luego de pocos años, lo lógico sería que acepte el desafío de la propuesta de la consulta exhortando a sus seguidores (¿recuerdan el somos más, muchísimos más?) a rechazar la posibilidad de la alternabilidad afianzando su derecho a ser reelegido. En este caso, la voz del pueblo y solo ella podrá servir para calmar apetitos o ¿quién sabe? para hacerlos insaciables. (O)

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