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Alfonso Oramas Gross: Construcción de mentiras | Columistas | Opinión

Alfonso Oramas Gross: Construcción de mentiras | Columistas | Opinión
Noticias Ecuador

Hace algún tiempo se planteó en Argentina la necesidad de contrarrestar la estrategia llevada por años por los gobiernos kirchneristas, que consistía en el montaje de “aparatos de construcción de mentiras” en referencia directa a todos aquellos voceros, medios de comunicación, instituciones no gubernamentales y otros organismos que durante años se dedicaron, de forma reiterada, a construir las falsedades y mitos que la propaganda política del kirchnerismo necesitaba; luego de la inobjetable derrota sufrida por esta agrupación en las elecciones del pasado domingo en Argentina, se ha insistido en la necesidad de actuar seriamente para evitar que quede en la impunidad el escandaloso manejo de la tergiversación.

A estas alturas, resulta evidente que al igual que otras ideas y estrategias, “la construcción de mentiras” formó parte de una hoja de ruta seguida con total dedicación por parte de varios gobiernos denominados progresistas, los cuales administraron dichos montajes como símbolo de eficiencia en su repertorio político, con pleno apego y dedicación al libreto encomendado. Es decir que resulta posible afirmar que “la construcción de mentiras” no se dio como un fenómeno aislado en Argentina, sino que se repitió por parte de gobiernos afines, como efectivamente aconteció en nuestro país, en donde la verdad oficial, la única, la absoluta, la suprema, tenía que imponerse virtualmente como un credo sostenida en muchas ocasiones por esos “aparatos de construcción de mentiras”, entre los cuales se contaban los medios públicos, cuyo único objetivo era rendir pleitesía al discurso oficialista.

En ese contexto, las declaraciones del actual gerente general de Medios Públicos reafirma la consideración planteada al admitir que el manejo de los medios públicos en el Gobierno anterior se lo hizo de manera “propagandística y mediocre, dispendiosa e indolente”, en otras palabras, los medios públicos postrados al servicio de la propaganda política, situación a la cual se debe agregar el estrepitoso fracaso económico resultado de la pésima gestión administrativa, con ejemplos tan groseros como el altísimo costo de transmisión de los enlaces sabatinos que para uno solo de los canales públicos representó una pérdida de más de cinco millones de dólares. Es decir que en el caso ecuatoriano, la versión de los “aparatos de construcción de mentiras” estuvo acompañada de una total ineficiencia e indolencia en la gestión de los medios que sirvieron para tal afrentoso propósito.

Resulta irrelevante mencionar el conjunto de falsedades, prejuicios y mitos sobre el cual se basó, en gran medida, la propaganda política del anterior régimen, pero es básico también recordar que entre “la década ganada” y el “esto ya es leyenda” se abrió el espacio para impulsar un clientelismo político cuyo principal sostén fue la mentira exaltada al límite del paroxismo. Ahí sí, prohibido olvidar. (O)

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