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Alfonso Oramas Gross: Elemental higiene | Columistas | Opinión

Alfonso Oramas Gross: Elemental higiene | Columistas | Opinión
Noticias Ecuador

A raíz de que Angela Merkel, “la líder sin ego que garantiza estabilidad”, obtuviere su cuarta elección consecutiva como canciller de la República Federal Alemana, se desataron varios comentarios por parte de los más fieles y entusiastas seguidores correístas en el sentido de que lo ocurrido con Merkel es el mejor ejemplo de lo saludable que resulta la reelección indefinida en un proceso democrático, insinuando hipocresía y cinismo por parte de aquellos que aceptan los consecutivos triunfos de Merkel y rechazan al mismo tiempo la posibilidad de esa reelección. “Para muchos es ejemplo de democracia, salvo cuando no ganan ellos”, escribió en su cuenta de Twitter la muy consecuente Gabriela Rivadeneira.

Sin embargo, hay un significativo detalle que impide tomar como referencia el proceso político de Merkel, detalle que es ignorado, sea por falta de cultura política sea por conveniencia, por los entusiastas interlocutores del expresidente. Me refiero al hecho de que la democracia alemana se rige bajo un sistema parlamentario (muy distinto del presidencial), existiendo una Asamblea designada por sufragio universal que ejerce el poder legislativo, elige al canciller general (en este caso Merkel) y controla al gobierno; a su vez el canciller es la cabeza del Gobierno Federal alemán con la prerrogativa de diseñar las líneas generales de la política de su país, existiendo también el cargo de presidente de la República Federal, elegido por el Parlamento y que tiene la facultad de representar al país en instancias internacionales, supervisando adicionalmente la constitucionalidad de las leyes.

El sistema parlamentario alemán, con su diversidad de partidos, exige verdaderos desafíos ante la complejidad de gobernar en un Parlamento fragmentado, complicando la tarea de dirigir la política de ese país; por eso se dice que Merkel con su sobriedad y pragmatismo termina siendo una verdadera artista en conducción política, al tal punto que hay quienes opinan que “su desideologización y sintonía con el espíritu de los tiempos ofrecen lecciones para la estabilidad política en el inestable siglo XXI”. En ese contexto, cualquier paralelismo entre los mandatos consecutivos de Merkel y la reelección indefinida en nuestro país termina siendo un ensayo afrentoso de cómo formular un manejo coherente del poder político en el Ecuador, lo que permite también responder en términos de otro escenario: ¿se imaginan a un líder político con talente autoritario y acostumbrado al “hiperpresidencialismo”, tratando de gobernar en Alemania en el reducido margen de maniobra que le ofrece ese sistema parlamentario?

Agotada la referencia de Merkel, son solo amagues lo que se exhibe para seguir proclamando las bondades de la reelección indefinida, peor aún con el fresco recuerdo del “presidencialismo exacerbado” que caracterizó el pasado periodo presidencial. La historia democrática en el Ecuador es muy clara al recordar la necesidad de la alternancia en el poder como elemento esencial de su estructura; como lo mencionó Lenín Moreno: “A los políticos y a los pañales hay que cambiarlos con la misma frecuencia y por la misma razón”. Una cuestión de elemental higiene así lo exige. (O)

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