Radio: No
Radio:
km Set radius for geolocation
Buscar

Benjamín Fernández Bogado: Localismos | Columistas | Opinión

Benjamín Fernández Bogado: Localismos | Columistas | Opinión
Noticias Ecuador

El fin de la historia preconizado por Fukuyama no fue más que un paréntesis de los muchos de los que está jalonada la historia de la humanidad. El “triunfo” del capitalismo o el “fracaso” del comunismo no pasó de ser solo una metáfora para reducir la complejidad de los cambios que este cambio de era impone y al que los gobiernos siguen mirando de soslayo y recreando viejas prácticas y modales para mostrar una dinámica absurda y tonta.

El mundo cambia, lo que no cambia es la política y su manera de gerenciar y de ahí la gran crisis que padecemos.

Solo basta ver el retorno del nacionalismo más cerril en sociedades donde el éxito del modelo capitalista parecería haberlo enterrado definitivamente en el olvido. Quién pensaría que la derecha “nazi” –según un miembro de la triunfante Merkel– haya salido segundo partido más votado en territorios de la ex-RDA de donde proviene la misma canciller. O que los españoles estén cerca de ver consumada una escisión de su territorio con un localismo catalán que ha decidido desobedecer todo mandato que venga de Madrid. La historia no es nueva, tampoco en una Europa acostumbrada a estas divisiones, fragmentaciones y uniones. Nadie recuerda muy bien a un país llamado Yugoslavia, convertido hoy en cinco naciones distintas desde no hace mucho tiempo, o esas uniones forzadas como Checoslovaquia que hoy han vuelto a ser dos países distintos. El intento similar de la URSS ha fracasado y no es nada despreciable la idea de una fragmentación en España a corto plazo. Hay temor en toda Europa sobre si esto se logra consolidar por el efecto dominó que podría tener en otros países y sobre la suerte del proyecto de la Unión Europea, hoy jaqueado muy profundamente desde la salida del Reino Unido. Cuando veíamos que el paso de los bloques era irremediable e indetenible, lo que se nota es una marcada tendencia a la fragmentación y a los localismos nacionalistas. De ahí a la confrontación no hay un trecho largo si leemos la historia desde una perspectiva lineal.

Todo cruje de alguna manera ante un cambio de era que es mirado con perplejidad por la política que no tiene capacidad de reinventar la historia, en un proceso que requiere que ella admita sus propias incompetencias.

Lo que no se percibe en realidad es el gran malestar existente sobre procesos como la globalización y sus efectos directos, como el precariato laboral, el gran costo de la burocracia, el poder del corporativismo, el desencanto con las instituciones democráticas y la inmensa cantidad de perdedores en un proceso que, vaticinaban sus pregoneros, haría que la prosperidad alcanzara a todos. El desencanto social y económico se ha disfrazado de populismo cuando las materias primas alimentan el crecimiento de China y pueden acabar en el fascismo que abreva en similares fuentes. Es notoria la repetición de la historia y la escasa capacidad del ser humano de haber aprendido algo de ella. Hay una cosa clara: las certezas no existen en medio de un terremoto social que pone en jaque a instituciones y países.

Todo cruje de alguna manera ante un cambio de era que es mirado con perplejidad por la política que no tiene capacidad de reinventar la historia, en un proceso que requiere que ella admita sus propias incompetencias. Se evade la realidad buscando culpables, pero reproduciendo lo mismo que había condenado como causa cuando en verdad eso era solo consecuencia de un proceso histórico indescifrable para muchos.

Los autoritarios y delirantes están en su salsa. Lo global es una amenaza y hay un retorno al localismo que con tono autoritario y violento reivindica el valor de los muros y la insignificancia de los puentes. (O)

Ir a la fuente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con

A %d blogueros les gusta esto: