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Cientos de fieles, la mayoría campesinos, participaron de procesión fluvial de Daule | Comunidad | Guayaquil

Cientos de fieles, la mayoría campesinos, participaron de procesión fluvial de Daule | Comunidad | Guayaquil
Noticias Ecuador

Daule –

Los cohetes suenan repetidamente y las garzas, gavilanes y otras aves vuelan en desbandada. La campiña de Daule se alborota, porque se escuchan también los acordes de una banda de músicos.

Por las aguas del río Daule avanza una caravana de unas 30 canoas y barcazas. En una de ellas, un hombre repite sin pausa: ¡Viva el Señor de los Milagros! ¡Viva el Cristo Negro! En otra embarcación más grande va la imagen de un Cristo Negro crucificado. 

Allí también van el arzobispo de Guayaquil, Luis Cabrera; el alcalde de la localidad, Pedro Salazar, y otras autoridades. En las otras, cientos de fieles.

En la ribera, junto a un altar multicolor y con sus casi 20 descendientes, entre hijos, nietos y sobrinos, Manuel Guaranda Calderón mira jubiloso el paso del cortejo. Tiene 85 años y dice que su fe en el Señor de los Milagros viene casi desde que nació en esa zona; la mantuvo de joven, cuando se casó y procreó 9 hijos. La mantendrá hasta morir.

“Esta fe –dice, refiriéndose a la procesión acuática– se da porque el Cristo Negro es bien milagroso. Hace años estaba flaquito, enfermo. Me encomendé y me sané. También nos da buenas cosechas de arroz”, afirma el octogenario, quien casi llora al ver que sus nietos cultivan la misma devoción.

Los vivas, la banda y los cohetes siguen sonando. Desde la barcaza y por megáfono agradece a los campesinos que han armado altares y aplauden a la caravana a su paso.

Y la procesión de embarcaciones avanza contracorriente, embuida de fe, y llega a la playa de Naupe. Allí hay cientos de devotos que aplauden al Cristo Negro, al patrono de los arroceros. Aplauden aquella imagen que representa al relato centenario de que un esclavo la tocó, por devoción y buscando alivio a sus penurias, y el hacendado, dueño de esa representación y de ese ser humando, enfurecido, lo mandó a azotar. Al día siguiente, el Cristo estaba negro.

La noticia se regó y la devoción crece desde entonces. En Naupe, al culminar la procesión de más de dos horas por el cauce del Daule, suenan las camaretas, la banda, los aplausos, el disc-jockey. La imagen desciende de la barcaza y hay delirio en esta campiña.

Como Naupe recibe al Cristo todos los años, sus calles han sido adoquinadas, al estilo de la regeneración urbana. Por sus calles avanza la procesión ya por tierra. Monseñor Cabrera dice que esa fe que rebosa en el agro es un milagro ordinario de la vida, de la solidaridad.

Indica que esta es una tierra fecunda, gracias al trabajo y esfuerzo de su gente.

El alcalde Salazar agradece la respuesta de los fieles, a muchos de los cuales se les ofrece comida y agua gratis.

Mientras a 2 km, en el límite entre Naupe y Brisas del Daule, Manuel Guaranda sigue feliz. Espera que su fe haga efecto y suba el precio del arroz ($ 35), que ahora comerciantes pagan solo $25 el quintal. (I)

 

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