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El cristianismo busca su espacio en China pese a política de Xi Jinping | Sociedad | Vida

El cristianismo busca su espacio en China pese a política de Xi Jinping | Sociedad | Vida
Noticias Ecuador

Pekín –

Un comerciante de 62 años esperó toda su vida de adulto para hacer realidad su sueño de construir una iglesia. Un edificio de ladrillo con un patio soleado y un salón amplio, con capacidad para unos 200 fieles.

En marzo, sin embargo, una docena de policías y funcionarios locales se aparecieron en la iglesia y dispersaron a los presentes. Ordenaron que la cruz, un cuadro de la Última Cena y un verso de la Biblia fuesen retirados. Y exigieron que se suspendiesen los servicios hasta que todos los feligreses se hubiesen registrado con las autoridades, según el comerciante, Guo, quien dio solo su último nombre por temor a represalias.

Guo y sus vecinos de esta provincia cristiana del centro de China se encontraron repentinamente inmersos en el medio de una campaña del Partido Comunista para controlar la práctica de la fe en el país.

Bajo el presidente Xi Jinping, el líder chino más fuerte desde Mao Zedong, los creyentes ven reducirse sus libertades en momentos en que la nación vive una especie de renacer religioso. Expertos y activistas dicen que a medida que consolida su poder, Xi lleva adelante la supresión sistemática del cristianismo más severa que vive el país desde que se incorporó la libertad religiosa en la constitución en 1982.

La campaña es parte de un esfuerzo más amplio de Xi por incorporar “características chinas“ a todas las religiones, incluida la lealtad al PC. En los últimos meses, las autoridades de toda la nación cerraron cientos de iglesias cristianas que funcionaban en casas privadas. Un comunicado de 47 iglesias de Beijing señaló la semana pasada que enfrentaban un hostigamiento “sin precedentes” desde febrero.

Una docena de protestantes chinos entrevistados por la Associated Press dijeron que las iglesias están siendo allanadas y sus fieles interrogados y vigilados. Un pastor afirmó que cientos de sus fieles fueron interrogados individualmente acerca de su fe. Igual que Guo, la mayoría pidieron no ser identificados con sus nombres completos por temor a represalias.

“Los líderes chinos siempre han sospechado que el cristianismo representa una amenaza política para el régimen comunista”, manifestó el académico Xi Lian, de la cátedra sobre el Cristianismo en China de la Universidad de Duke. “Bajo Xi, este temor a la infiltración occidental se ha intensificado”.

Las autoridades toleraban las iglesias protestantes informales que funcionaban en casas y que generaron la formación de un Consejo Cristiano. Reprimían a algunas y dejaban que otras creciesen. Pero este año adoptaron una postura más dura que se encuadra en parte en una “reforma del pensamiento” de la nación, una expresión que alude generalmente a un adoctrinamiento político.

“La medida está dirigida a las familias cristianas pobres. Les enseñamos a creer en la ciencia, no en supersticiones, y en el partido”, manifestó el funcionario municipal Qi Yan.

La campaña parece simbolizar lo que analistas ven como la fuerza subyacente que impulsa el cambio de actitud del partido hacia la religión: la ascendencia de Xi.

“Xi es un maoísta de armario. Está ansioso por controlar el pensamiento” de la gente, dijo Willy Lam, experto en política china de la Universidad China de Hong Kong. “Ciertamente no quiere que la gente sea fiel participante de la iglesia, porque pude terminar siendo más leal a la iglesia que al partido, o, para ser más precisos, que a Xi mismo”.

Numerosas autoridades locales y estatales declinaron insistentes pedidos de hablar del tema. Pero en el 2016, Xi explícitamente mencionó las amenazas extranjeras asociadas con la fe y dijo en una conferencia religiosa: “Debemos cuidarnos de la infiltración extranjera por medio de la religión”.

Quienes se resisten, lo pagan. Cuando Jin Mingri, prominente pastor que encabeza la Iglesia de Sion en Beijing, se negó a autorizar la instalación de cámaras de vigilancia adentro de su iglesia, la policía interrogó individualmente a cientos de miembros de su congregación, que cuenta con 1.500 fieles, según dijo. Los fieles recibieron amenazas veladas, de acuerdo con Jin, y a muchos se les pidió que firmasen un documento comprometiéndose a dejar la iglesia, que agentes del gobierno tildaron de ilegal y describieron como un culto. Algunas personas perdieron sus empleos o fueron desalojadas de los departamentos que alquilaban como consecuencia del hostigamiento a sus patrones o a sus caseros.

“Muchos de nuestros fieles están aterrorizados por las presiones del gobierno”, afirmó Jin. “Es doloroso ver que en la propia capital de nuestro país debemos pagar un precio tan alto por practicar nuestra fe”.

En Zhengzhou, la capital de Henan, lo único que queda de una iglesia son vidrios rotos, cables enredados y libros de himnos en mal estado, dispersos entre los escombros de un muro derrumbado. Junto a otro muro se ve una cruz de madera, todavía intacta.

La iglesia, que se encontraba adentro de un edificio comercial, sirvió a unos 100 feligreses por años. Pero a fines de enero, unos 60 agentes y funcionarios se presentaron sin aviso. Portaban sierras eléctricas con las que demolieron la iglesia, confiscaron las Biblias y computadoras y detuvieron a un puñado de fieles, incluida una niña de 14 años, durante más de 10 horas, según un líder de la iglesia.

Incluso iglesias protestantes que se registraron con el estado sufren restricciones. Cuando periodistas visitaron cinco de esas iglesias en Henan en junio, todas tenían en sus entradas avisos de que los menores y los miembros del PC no podían ingresar a ellas. Un cartel en una puerta exhortaba a los miembros a “implementar la dirección básica del trabajo religioso del partido”. Otra iglesia tenía una bandera china en su escalera.

La casa de ladrillo de Guo estaba casi desierta este verano. Junto al marco de la puerta había restos de pergaminos que decían “el amor de Dios es tan profundo como el mar”.

Adentro, Guo se niega a retirar la cruz y otras decoraciones, diciéndoles a las autoridades que se encuentran adentro de su propiedad privada.

Pegado a una pared de la nave hay un cartel azul con tramos de la promesa constitucional de libertad religiosa. (I)

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