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El estilo de ‘Pedro Páramo’, de Juan Rulfo

El estilo de ‘Pedro Páramo’, de Juan Rulfo
Noticias Ecuador

El 1970, la novela ‘Pedro Páramo’ tenía 15 años de asombrar a los lectores, pero en mi caso, con la novela y los cuentos de ‘El Llano en llamas’ (1953), el asombro redundó en perplejidad. Intentaré un acercamiento al estilo del primer texto, consciente de que el análisis literario nunca fue ni será suficiente para agotar los efectos emocionales que produce la lectura de un relato.

Quizá la definición más oportuna sobre el estilo es la que se lee en el Diccionario Enciclopédico de las Ciencias del Lenguaje, de Ducrot-Todorov: “Para discernir de manera rigurosa los rasgos estilísticos de un texto, puede intentarse un doble acercamiento: por un lado, hacia el plano del enunciado, es decir, el plano de sus aspectos verbal, sintáctico y semántico […] ; por otro lado, hacia el plano de la enunciación, es decir, el plano de la relación definida entre los protagonistas del discurso (locutor/ receptor/referente)”.

Menciono de modo somero el argumento de ‘Pedro Páramo’. Dos conjuntos de acciones se desarrollan, a saber, el primero, que ocurre en torno al personaje Juan Preciado, quien busca a su padre, y el segundo que se articula en el protagonista Pedro Páramo. Muchos personajes aparecen en los fragmentos; todos dialogan y reconstruyen la figura principal, la del hacendado y caudillo Pedro Páramo. Se puede decir que todos aparecen en acciones subordinadas o como teselas de un mosaico flotante. El lector llena los vacíos y reconstruye el argumento. El tiempo del relato y su espacio son imprecisos, aspecto que corresponde a las voces de los personajes que -como interlocutores o como monólogos interiores- son solo espectros, puesto que todos han muerto y subyacen en un cementerio denominado Comala.

La ambigüedad se manifiesta desde el comienzo. Cuando la madre pide a su hijo que busque al padre dice: “Se llama de este modo y de este otro”. El hijo, que no piensa cumplir con la promesa de buscar al padre, cambia de actitud. Su decisión se expresa así: “Hasta ahora pronto que comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones”. No se sabe cuándo cambió su parecer y los motivos son ambiguos: sueños, ilusiones. El camino que transita el hijo en la búsqueda se describe de este modo: “El camino subía y bajaba; ‘sube o baja según se va o se viene. Para el que va, sube; para el que viene, baja’. La descripción por sí misma es ambigua.

No se sabe cómo es Comala. Hay tres versiones: la de Dolores, la madre de Juan, que dice: “Hay allí, pasando el puerto de Los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro. Desde ese lugar se ve Comala, blanqueando la tierra, iluminándola durante la noche”. La otra versión se da mediante un diálogo entre el viajero Preciado y su acompañante. Ocurre de esta manera: “-¿Cómo dice usted que se llama el pueblo que se ve allá abajo? –Comala, señor. -¿Está seguro que ya es Comala? –Seguro, señor. -¿Y por qué se ve esto tan triste? –Son los tiempos, señor”. Y la tercera versión se da cuando el viajero se queja del mucho calor, el acompañante responde: “Sí, y esto no es nada […]. Cálmese. Ya lo sentirá más fuerte cuando lleguemos a Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija”. ¿Cómo es Comala? En la primera versión, es la región más transparente del aire, en palabras de Bernal Díaz del Castillo y que sirvieron para titular la novela de Carlos Fuentes. En la segunda versión es un pueblo abandonado en medio de un erial. Y por último es la boca infierno, caracterizada por el insufrible calor.

Esta ambigüedad se encuentra presente en toda la novela. Otro elemento que se reitera en esta atmósfera de muertos que hablan es la paradójica presencia de los sentidos. El tacto, los sonidos y la vista comportan la apariencia de realidad. Además del calor y de los murmullos, la vista es quizás el medio más importante para establecer las relaciones en este mundo de recuerdos almacenados en una memoria evasiva. Los ojos son aludidos emotivamente; los ejemplos abundan, Juan Preciado, respecto de Comala, dice: “Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi madre; de su nostalgia, entre retazos de suspiros. Siempre vivió ella suspirando por Comala, por el retorno; pero jamás volvió. Ahora yo vengo en su lugar. Traigo los ojos con que ella miró estas cosas, porque me dio sus ojos para ver”.

Un elemento estructural de la novela es la noción de espacio. No es la descripción realista. La percepción de los sentidos es el medio para evocar el ámbito. Un personaje, el padre Rentería, se expresa de este modo: “Salió fuera y miró el cielo. Llovía estrellas. Lamentó aquello porque hubiera querido ver un cielo quieto. Oyó el canto de los gallos. Sintió la envoltura de la noche cubriendo la tierra. La tierra, ‘ese valle de lágrimas’. Otro personaje, Damiana, se manifiesta de esta manera: “Este pueblo está lleno de ecos. Yo ya no me espanto. Oigo el aullido de los perros y dejo que aúllen. Y en días de aire se ve el viento arrastrando hojas de árboles, cuando aquí como tú ves, no hay árboles. Los hubo en algún tiempo, porque si no ¿de dónde saldrían esas hojas?” El cielo, las estrellas, el gallo, los perros, los árboles son referencias muy concretas, pero involucradas en visiones metafóricas: la noche como una envoltura, días de aire, pueblo lleno de ecos. La misma Damiana dice: “Y lo peor de todo es cuando oyes platicar a la gente, como si las voces salieran de alguna hendidura”. El lugar sugiere abandono y los habitantes son ecos.

Estas son las causas de los efectos emocionales que produce la lectura del arte narrativo de Juan Rulfo. En verdad son pocas, puesto que mucho se puede decir de la manipulación del tiempo, de las características de las acciones, de los puntos de vista, en fin, de la construcción de la novela.

De la enunciación

La realidad y la irrealidad se involucran y crean una dimensión que remite a un pasado que la historia puede documentar, porque se ha dicho que la novela ‘Pedro Páramo’ reconstruye la figura del hacendado que protagonizó un período de la historia de México y de otros países. Pero no es una novela de intención testimonial realista o de argumento lineal: se podría señalar que comienza por el final. Las acciones nose desarrollan en un lugar determinado ni se ejecutan en un tiempo convencional de horas ni días. ‘Pedro Páramo’ es una de las primeras novelas hispanoamericanas que manipula el tiempo de la manera que se denomina psicológica.

En otro sentido, la narrativa de Rulfo se caracteriza por su vinculación con la poesía: frecuente presencia de la metáfora, amplias yuxtaposiciones, prosopopeyas, etc. En cada caso, la descarga emocional es intensa porque, además, se vincula con los contextos americanos que describió Alejo Carpentier. Las almas en pena, el recoger los pasos, las creencias constituyen el contexto del inframundo. Por último, esta es una alusión a la creencia difundida en el ámbito rural y se la cita por su descarga emotiva. Juan Preciado comenta: “Mi madre siempre fue enemiga de retratarse.

Decía que los retratos eran cosas de brujería”, y prosigue: “Y así parecía ser; porque el suyo estaba lleno de agujeros como de aguja, y en dirección del corazón tenía uno muy grande donde bien podía caber el dedo del corazón”.

No obstante, pese al vacío en la fotografía, la narrativa de Juan Rulfo es de hecho un gran corazón en la literatura hispanoamericana. 

*Miembro de Número de la Academia Ecuatoriana de Lengua

La novela es considerada una de las obras maestras de la literatura latinoamericana y universal del siglo XX, tanto por su estructura como por su influencia. Una de las características de su narración es su vinculación con la poesía.

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