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Expertos y vecinos armaron la visión para Quito 2040

Expertos y vecinos armaron la visión para Quito 2040
Noticias Ecuador

Va más allá de colocar bancas de madera en las veredas y aprender a reciclar. La nueva agenda urbana, producto del encuentro Hábitat III realizado en Quito en el 2016, es la encargada de marcar el camino hacia donde debe dirigirse la ciudad los próximos 20 años.

Desde el 18 hasta el 19 de octubre del 2017, por el aniversario del evento, habrá foros y talleres para dar a conocer el avance en las directrices marcadas por Hábitat. José Ordóñez, director del Instituto Metropolitano de Planificación Urbana (IMPU), dice que de las 170 recomendaciones del encuentro mundial, se tomaron las más importantes y se las aterrizaron a la realidad de Quito.

Para ello, durante este año se trabajó en la visión de Quito 2040 con tres actores: academia, expertos y comunidad.

El IMPU firmó convenios con las universidades Central, San Francisco, Católica, UTE, UDLA y la Internacional, para que los alumnos lleven a cabo un proceso de investigación y diagnóstico de las distintas centralidades de Quito: Calderón-San Antonio, Quitumbe, Los Chillos, Tumbaco, Cumbayá y Pifo-Tababela. Se formularon propuestas que serán incluidas en la planificación de la ciudad. Mañana se expondrán los resultados.

Se plantea, por ejemplo, peatonalizar las calles secundarias de Calderón, colocar equipamiento que conviertan a la calle en un lugar de encuentro entre vecinos. La falta de parques es otro problema ahí. Si la gente se toma esos espacios, la ciudad cobra vida y desplaza a la inseguridad, al abandono…

Paralelamente hubo mesas de diálogo y análisis con expertos y representantes de asociaciones de la sociedad civil y se trabajó en cinco grandes desafíos que Quito deberá enfrentar hasta el 2040. El objetivo es que, de aquí a 23 años, la capital llegue a ser una ciudad inclusiva y abierta para todos, global y competitiva, ambientalmente responsable, diseñada para la vida y que valore su cultura e historia.

Con esas directrices, se realizaron talleres con 1 890 representantes y líderes barriales. Cada vecino aportó con su visión para construir la ciudad y se comprometió a trabajar para conseguirlo. ¿Cómo es la ciudad que aspiran?

Cada sector tiene su particularidad. Los vecinos de Jardines de Marianitas ven al Quito de esos años abierto al desarrollo de emprendimientos productivos. Que los huertos comunitarios tomen fuerza. Que se trabaje con los jóvenes en escuelas y colegios por una conciencia ambiental.

Los barrios del norte hablan sobre la necesidad de mejorar el transporte, quieren contar con más espacios verdes y unirse entre vecinos, conocerse y reconocerse, realizar actividades deportivas, festivas…

Mónica Méndez, de 54 años, vive en el barrio Orquídeas y estuvo en los talleres. Para ella, participar es la mejor forma de cambiar el futuro. Su barrio está comprometido y ya tienen proyectos, uno de ellos, pintura urbana en los muros. Varios vecinos son artistas plásticos, y están dispuestos a enseñar su talento al resto. Así, dice, van a mejorar su calidad de vida y a alejar a los chicos de los vicios.

Para José Luis Guevara, secretario general de Coordinación Territorial y Participación Ciudadana, ese empoderamiento de la comunidad garantiza que la visión de la ciudad no se quede en el papel, y que trascienda. Debe apropiarse de los proyectos y comprometerse con ellos.

El resultado de los talleres formará parte de un material impreso que será lanzado el 17 de octubre y se volverá la “biblia” que regirá la planificación hasta el año 2040 .

Uno de los proyectos del año pasado fue la Ruta de la Experiencia, en La Mariscal. A lo largo de la Jorge Washington, se colocaron jardineras y bancas para el encuentro de la gente. Sin embargo, algunas de esas reformas se deterioraron. La jardinera más grande, por ejemplo, se destruyó luego de que un auto la impactó, y aún no ha sido reparada. En otros sectores de La Floresta, esos espacios se perdieron.

Para John Dunn, urbanista y profesor universitario, Hábitat es un evento que no deja impacto físico en la ciudad, pero ayuda a visualizar la ciudad a futuro para que las generaciones venideras se desarrollen.

El cambio se ve, dice, en la forma en la que se discute la ciudad y en cómo la gente se involucra y compromete.

Para Hernán Orbea, urbanista y catedrático universitarios el gran reto es aterrizar lo conseguido en los talleres, en la realidad.“Hay que observar los hechos urbanos y discutir sobre la eso. No se le puede dar la espalda a la informalidad, por ejemplo. Se debe realizar diálogos en los barrios, entender las conductas sociales, desde un entorno más local. Esa es la clave”.

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