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Incultura constitucional | Cartas al Director | Opinión

Incultura constitucional | Cartas al Director | Opinión
Noticias Ecuador

Cuando tenemos la posibilidad nuevamente de reformar la vigésima Constitución, luego de promulgada en el 2008 y de haber sido reformada –enmendada– en 17 artículos, el panorama no es alentador respecto al conocimiento y respeto de qué es una norma o pacto social supremo. Si nos retrotraemos a la historia constitucional del país, se confirma que las 19 anteriores fueron resultado de 18 asambleas constituyentes, 11 constituciones en el siglo XIX, 8 en el siglo XX, con perdurabilidad de apenas 9 años y unos meses.

Alguien hizo un comentario comparando la Constitución con una ley cualquiera, o de haberse redactado a la brevedad porque el gobernante de turno quería ejercer poder omnímodamente, y demostró que la conciencia y discernimiento constitucionales estaban fundamentados en total ignorancia. No, mil veces no, porque siendo la máxima ley, debe contener todos o casi todos los anhelos de la idiosincrasia nacional. No ha sido así. Para dictar una ley orgánica, ordinaria o de otra índole y ser fiel reflejo de cubrir una necesidad social a legislar, se debe tener en cuenta varios aspectos: que exista relación entre el acto social y la carencia normativa; armonice con el orden jurídico vigente; no origine perjuicios de ninguna índole; propenda a la paz y al desarrollo; fomente verdadera administración de justicia social; respete el peso y contrapeso de las funciones del poder público; no sea resultado de intereses personalistas políticos, económicos, étnicos, etcétera, sino dirigida a la totalidad del conglomerado social, para que sea respetada y acatada por todos… Hoy volvemos a lo de siempre. Aquello que se dijo que tendría largueza de tiempo, no fue así porque se la arropó en egocentrismo legal sin legitimidad, estableciéndose mil y más casos de delitos constitucionales, agudizándose porque no existe control de licitud constitucional. ¿Por qué no prohibir reformas constitucionales por lo menos por 8 años y hacerlo cuando ameriten asuntos necesarios, legítimos, promoviendo seguridad jurídica y que el soberano sea el único autorizado para reformarla? Las enmiendas son forma de lenocinio personalista del gobernante de turno inviable en un Estado de Derechos, justificación para que el artículo 441 sea derogado. Mi comentario se origina al comprobar cómo legisladores, muchos carentes de cultura constitucional, pretenden seguir con una práctica de hace cientos de años, al ignorar el valor e influencia de lo que es una constitución en la vida presente y futura de un país.(O)

Regina Zambrano Reina, doctora en Jurisprudencia, Guayaquil

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