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Julieta Herrería Barba: Una sociedad civil no política | Columistas | Opinión

Julieta Herrería Barba: Una sociedad civil no política | Columistas | Opinión
Noticias Ecuador

La sociedad civil es un elemento fundamental para el fortalecimiento de las democracias, pero ¿cuántas veces nos hemos detenido a reflexionar sobre su significado y su rango de acción? Estas son agrupaciones u organizaciones de ciudadanos que bajo un concreto objetivo buscan promover sus intereses o ideologías. A lo largo de la historia se han consolidado muchas organizaciones de estas características, pero lo evidente en la actualidad es el deseo urgente de no ser catalogadas como una fuerza política, sino tan solo como una fuerza ciudadana.

Pero aquí es donde se podría caer en el error. Aristóteles sostenía que lo político era sinónimo de lo social, y que por naturaleza el hombre era un animal político. Por lo tanto, no se podría pretender que las acciones de la sociedad civil no respondan a una necesidad de participación política. Esta distinción, de no identificación como fuerza política, responde a una sencilla situación: que la sociedad civil por más de una década se haya sentido reprimida y en algunos casos deprimida por las fuerzas del Gobierno, y es así como los ciudadanos han perdido no solo la confianza en las instituciones, sino también en cualquier actor que se identifique como político.

La corporación Latinobarómetro, en su informe 2017, realizó 20.200 entrevistas a ciudadanos de la región y entre sus resultados obtuvo que 6 de cada 10 ecuatorianos consideran que el país se gobierna por grupos poderosos y en su propio beneficio. En tanto, 2 de cada 10 confían en la institución electoral y en el Poder Judicial, tan solo 3 de cada 10 tienen mucha confianza en el Gobierno y, finalmente, 2 de cada 10 tienen confianza en los partidos políticos. Sobre estos escenarios, la sociedad civil, a pesar de navegar a contracorriente, ha sentado bases distanciándose del poder político; su rol ha sido esencial, ya que el Gobierno y los partidos políticos no han podido generar las oportunidades deseadas ni la satisfacción de necesidades concretas, y ha sido la sociedad civil desde distintos frentes la encargada de velar por la justicia y bienestar del país.

Esto nos debería llevar a reflexionar sobre la importancia de la revalorización de la política y la necesidad de construir instituciones duraderas y eficaces con presencia territorial, de manera que se encuentren cercanos a la ciudadanía para así devolverle la utilidad a la política. De igual manera, los partidos políticos deben consolidarse como plataformas de promoción de la participación ciudadana que cuenten con una institucionalidad reforzada; y para esto es necesario realizar reformas al sistema electoral, ya que la fragmentación política solo beneficia a los poderes del Estado y perjudica a la sociedad civil.

De esta manera, los actores políticos articularían el pluralismo de nuestra sociedad civil, ya que al poner el interés de los ciudadanos en el centro de las decisiones institucionales, nuestro país se convertiría en un potente engranaje democrático. Una sociedad civil libre, versada en valores cívicos y políticamente activa, es fundamental para la tan necesaria democratización de nuestro país. (O)

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