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Marcela Basteri, influencia y dolor de Luis Miguel | Espectáculos | Entretenimiento

Marcela Basteri, influencia y dolor de Luis Miguel | Espectáculos | Entretenimiento
Noticias Ecuador

Luis Miguel siente culpa. No solo se ve en la bioserie -autorizada por él- que cada domingo sube Netflix en una suerte de cuenta gotas. Su aflicción se nota en las pocas entrevistas que dio en los últimos 30 años y que quizá su público no notó en su momento o no le dio la dimensión que merecía, hasta hoy, cuando “ha llegado la hora de que mi verdad salga a la luz”, como anticipaba en el tráiler oficial de la serie que se estrenó el 22 de abril y que lleva ya diez capítulos corridos.

“Versiones hay muchas, verdad solo hay una”, dice el artista en el video promocional de su historia, que cada domingo nos tiene enganchados frente al televisor y que durante el resto de la semana nos involucra en la conversación en Twitter.

El Luis Miguel adulto (interpretado por Diego Boneta) que nos cuenta su verdad -y esta es la primera razón poderosa para ver la serie- se muestra culpable por no haber impedido el distanciamiento de su madre cuando empezaba su carrera. ¿Pero qué podía hacer un niño de 12 años (el actor es Izán Llunas), con un padre arrogante, controlador y manipulador (caracterizado de forma excelente por Óscar Jaenada) que le hacía creer a él, a su madre, a todos, que las cosas marchaban bien porque él estaba a cargo de todo?

Pocos han reparado en que a lo largo de la bioserie, Luis Miguel, si bien nos pinta de cuerpo entero a Luisito Rey, nos dice que él confió mucho en ese ser, lo hizo hasta ese doloroso momento que tuvo que haber sido el darse cuenta de que en realidad era un explotador, en la serie denuncia el mal uso de la efedrina para mantenerlo activo día y noche; era un manipulador; le decía qué cantar, con quién salir, con quién debía ir acompañado a una gala; era abusivo, lo obligó a perder la virginidad a los 14 años con una prostituta, y le robaba dinero; pero peor aún, le mintió sobre su madre. Ya era tarde cuando se sacó la venda de los ojos, ya la dulce Marcela (interpretada por Anna Favella en la serie) no estaba.

Que él creía en la versión de su padre, de que Marcela Basteri los abandonó por un viejo amor y que basado en eso, cuando ya era un joven emancipado y con recursos propios “no hizo nada para encontrarla” como se queja su hermano Álex, lo reconoce Luis Miguel en su serie. ¿Acaso no es una demostración brutal de culpa? Pero él obviamente no es responsable de la desaparición de su madre. El sospechado es su padre.

Para el que quiera entender a Luis Miguel (tachado como arrogante al no permitir que la prensa de espectáculos trate su vida privada) hay que entender la influencia (buena o mala) de sus padres.

 

Marcela Basteri con su hijo Luis Miguel en España, en 1985. Fotografía subida a Instagram por Álex Gallego Basteri, hermano del artista.

El Sol de México llevaba una ‘vida normal’ hasta los 11 años. Allí es donde empieza la serie, que quizá abusa mucho del flashback como técnica narrativa y nos marea entre el Luis Miguel adulto, niño y joven, pero haciendo un ejercicio de establecer una línea de tiempo entre lo que cuenta la serie, lo que ha quedado documentado de las entrevistas del cantante y los libros escritos sobre él, se puede ver como todo le cambió muy pronto, en apenas 4 años.

Marcela fue muy importante en su vida personal, “ella se encargaba de todo” fuera de las luces y las tarimas ha dicho Luis Miguel, mientras que su padre, por quien siempre mostró respeto, a pesar de sus diferencias y el abuso, le enseñó a ser “disciplinado” con su carrera.

“No soy tan feliz como desearía”, dijo el cantante en 1989 a Verónica Castro en un programa de TV en México. El video está en Youtube. Ella le replica con una pregunta: ¿Qué es lo que más quisieras en este mundo? “Estar al lado de mi madre”, le responde sin dudar.

Luis Miguel tenía 19 años de edad, a su madre “se la había tragado la tierra” hacía tres, en 1986, pero incluso “Luis Miguel tenía casi dos años sin verla tras la separación de sus padres”, documenta Javier León Herrera en su libro Luis Miguel: La Historia, que sirve de base para la serie biográfica autorizada por el cantante.

Es decir, aquel Luis Miguel entrando en los 20 años, sentado en el set de Verónica Castro, idolatrado por sus fans, acosado por la prensa, hablaba con inmenso dolor de una madre cariñosa, como la expone en su serie, a la que no veía desde hacía 5 años. “Extraño mucho a mi madre, es (de la familia) a la que más extraño porque es a la que menos tengo oportunidad de ver”. Mirada al suelo, traga saliva. Hasta allí no admitía públicamente la desaparición de su madre. “Por no crear escándalo en la prensa”, se justifica en la serie.

Marcela, de 22 años de edad, se fue a vivir con Luis Rey embarazada de su primogénito, contó a la televisión argentina Catalina Mezín (Cata, en la serie), la madre de crianza de Marcela desde que esta tenía 10 años. Había sido abandonada por su madre a los 2 años en un orfanato en Italia cuando su padre emigró a Argentina, donde estableció su nueva relación y a quien recién conocería hasta llegar a Buenos Aires.

La infancia de Luisito Rey no fue menos dura. Emigró de niño a Argentina por la misma causa que se trasladó el padre de Marcela desde Italia, por la crisis pos guerra en Europa. A él le tocó cantar en bares nocturnos y sufrió también el abuso de la familia que lo acogió.

Marcela trató de que Micky tuviera una infancia normal, Luisito se justificaba siempre que a su edad ya trabajaba y había sufrido un verdadero calvario. Finalmente Luis Miguel no tuvo una infancia normal y desde que empezó a cantar en 1981, salir en televisión en 1982, comprar una casa producto de su talento (y explotación de su padre) en 1983 hasta el nacimiento de su tercer hermano en 1984, vio quizá sin una real perspectiva como poco a poco su madre se apagaba y para 1985, cuando Marcela se alejó de Luisito Rey para volver a Italia, Luis Miguel ya era hijo de padres separados. Y un año después, en 1986, sería la última vez que la vieron viva.

En 1987, según la serie, el tío de Luis Miguel cae en una profunda depresión y alcoholismo y ante la visita de Luisito Rey lamenta: “lo que hicimos esa noche estuvo mal, muy mal, ¡cómo pudimos haberle hecho eso al niño, que es como mi hijo!” y el padre de Luis Miguel lo amenaza con “cortarle el cuello” si vuelve a mencionar eso.

En ese año, Luis Miguel aún creía que su madre había hecho una nueva vida y no quería que la encuentren, pero recibe una postal por su cumpleaños en 1988, que un año más tarde, en 1989, descubriría no fue enviado por ella sino por su abuela materna, a pedido del padre manipulador, y que el hombre con el que supuestamente se había ido había muerto años atrás y que nunca hubo tal relación. En definitiva, que su padre le mintió sobre la ausencia de su madre.    

Luis Miguel tocaba pocas veces su vida privada, lo hizo en Ecuador hace 15 años. Una de las entrevistas más recordadas de Bernard Fougeres fue la que le hizo al Sol en noviembre de 1993. Poco había hablado antes y poco habló después el artista sobre una infancia que no quería recordar. “Han sido episodios muy dolorosos para mí… Muchos momentos de mi vida han sido muy difíciles y lo único que trato es dejarlos atrás y que me deje un aprendizaje para el futuro, entonces cuando me las hacen ver de nuevo se mueven ciertos hilos sentimentales dentro de mí”, le dijo Luis Miguel a Bernard en Guayaquil.

A Luis Miguel no le gustaba ver sus inicios, se lo confesó a Bernard hace 15 años. Eso lo confirmamos ahora en la serie cuando en un capítulo rompe una foto de su infancia que le da una fan y le da otra, de cuando tenía 20 años.

“El Luis Miguel de los inicios no es el de ahora, era uno que por circunstancias vivía una situación que no era muy auténtica. Que haya dado resultado es una cosa, pero que yo me haya sentido feliz y seguro es otra, por la relación con mi padre, que en paz descanse (había muerto un año antes, en 1992, y se habían distanciado desde 1989) y por distintas circunstancias y por sobre todo que a los 9 o 10 años no piensa igual que a los 23. El Luis Miguel de ahora tiene escasos 5 años de vigencia”, decía el artista en Ecuador a sus 23 años, coincidiendo en tiempo con lo que nos muestra la serie, que a los 18 años se apartó de su padre y enrumbó su carrera con otro representante.  

Pero Bernard, como buen entrevistador que era, le sacó una parte de la infancia a Luis Miguel que no pudo evitar. Le recordó que cuando lo entrevistó a los 12 años, en su primera visita a Ecuador, aquel niño de melena rubia decía que además de cantar le gustaría jugar. Sí, “le gustaría”, lo decía como un anhelo, algo difícil de creer que fuese imposible para un niño, pero así era. El padre lo asfixiaba, como se ve en la serie. “En realidad casi no he vivido una vida personal, me he dedicado siempre a mi carrera”, le dijo a Bernad.

Marcela quería que juegue, que estudie, que se divierta. Se oponía a que “el niño” trabaje tanto y le reconocía los frutos del éxito musical agradeciéndole y haciéndole ver que la primera casa que compraron en México fue por sus actuaciones.  Pero en la serie -que es la verdad de Luis Miguel- aparece como una mujer subyugada por un marido machista, que no la dejaba trabajar. “Tu lugar está en la casa”, le decía cuando ella quería seguir siendo modista y aportar para la casa cuando aún no despegaba la carrera de su sol, porque de ella viene el bautizo del Sol de México. “Sole mio” lo engreía siempre en su italiano natural.     

“Yo cambiaría todo lo que tengo por llevar una vida normal”, dice el periodista mexicano Víctor Hugo Sánchez, que trabajó con Luis Miguel, que el artista le confesó alguna vez.

Esa vida normal le cayó como un paréntesis a su fama en 1985 cuando viajó con su familia aún completa a Massa Carrara, Italia, a casa de los abuelos maternos, donde “no lo conocía nadie” y pudo salir sin tener que ocultar su rostro, pasear en motoneta, divertirse con chicos de su edad.

 

Luis Miguel y su madre en la serie en 1985 y la tapa de la revista italiana original que registró su participación en el Festival de San Remo.

En la serie, Marcela admite que fue un error no escuchar a su padre y a su madre de crianza que se oponían a su relación con Luisito Rey. ¿Tenía ganas de dejarlo? No se sabe, pero toma como tragedia el anuncio de su tercer embarazo. Sola tras un parto prematuro, Luisito Rey llevando al adolescente Luis Miguel de un lado a otro, Marcela cae en depresión. Es lo último que nos ha contado la serie antes de saber que Luis Miguel contrató investigadores para buscarla.

Su vida fue, como dice la periodista argentina Mariana Zucchi, la construcción de un imperio musical a costa de la demolición personal. Un joven Luis Miguel, confiado en su padre, que no se daba cuenta de nada. Su culpa es por abrir los ojos cuando ya era tarde, cuando ya nada podía hacer. O quizá sí hizo.

Eso lo veremos esta noche cuando el Sol confirme o no si es su madre la que estuvo internada tres años en un hospital psiquiátrico en islas Canarias, que nunca salió de España a principios de septiembre de 1986 para ir a verlo en Chile. No por nada el capítulo 11 que se estrena esta noche se llama Marcela. 

“El Rey Sol” blanquea entonces lo que no nos pudo decir (o no quiso por elección propia) en tantos años: que lo que vimos, mientras cantaba La chica del bikini azul, Suave o Cuando calienta el sol, fue apenas una armadura de hierro.

Tiene en realidad atascado un viejo dolor y todo lo que se calló por mucho tiempo nos lo dice ahora vía Streaming, pero dosificado, cada domingo, como si se tratase de la novela en la televisión convencional. Un mito sobre el on demand que de paso rompe Luis Miguel, admirado por mujeres y hombres de varias generaciones, relanzado al mundo mediático con “su verdad” en una serie y que además es capaz de hacer que aquellos éxitos ochenteros que acompañan sus escenas pasen del vinilo, del casete o del CD a volver a ser hits en plataformas como Spotify, a sonar nuevamente en las radios, a aumentar las reproducciones en Youtube, a ser Trending Topic en Twitter.

La vida de Luis Miguel está llena de leyendas y mitos, y su serie en Netflix poco a poco los está desentramando. Y nosotros lo estamos viendo. (I)

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