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Mónica Varea: De la ineficiencia ¡líbranos, Señor! | Columistas | Opinión

Mónica Varea: De la ineficiencia ¡líbranos, Señor! | Columistas | Opinión
Noticias Ecuador

No sé si alguna vez les conté la historia del artesano al que contratamos para que hiciera una caja de latón para el medidor e hizo una cosa deforme, mal hecha y enorme que ni siquiera permitía la lectura del consumo; cuando le reclamamos, se fue enojado y volvió al cabo de una semana con una perfecta caja. Mi hermana lo elogió diciendo: ¡Ya ve, maestro, que sí podía hacerla bien! A lo que el hombre respondió: “Es que la primera vez no me dijo que la hiciera bien”.

Tampoco recuerdo si les conté de la empleada que faltó varios días, demasiados, porque murió su primo; cuando volvió a trabajar al cabo de más de una semana, le reclamé la falta prolongada, y ella dijo: “Es que no fue culpa mía, lo que pasa es que mi primo no había estado bien muerto”.

No sé ustedes, pero yo tengo una puntería increíble para elegir exactamente a la empresa de internet equivocada, a la de telefonía celular más ineficiente, a la peor lavandería, aerolínea o vulcanizadora. La excepción que confirma la regla es mi marido, ¡qué buena elección! Ha resultado de buena calidad, ya dura casi 40 años.

La semana anterior mandé a hacer un banner que se sujetara con unos tubos a los lados; cuando me entregaron, no tenía los tubos, fui a reclamar y a pesar de que en la factura decía claramente el trabajo que yo había ordenado, la empleada que me atendió insistía en que seguramente en la hoja de trabajo no constaban los tubos. “Lo que podemos hacer es entregarle los tubos”. ¡¿Qué hago yo con dos tubos?!, dije sorprendida. “Ah no sé pues, usted los está reclamando”.

En la misma semana amanecimos un día sin internet, la librería paralizada porque dependemos para todo de este servicio. Luego de revisar exhaustivamente las conexiones, llamé a preguntar el porqué de la falta de servicio. La respuesta fue que la cuenta estaba pendiente, luego de asesinar levemente a la contadora y acordarme de que yo misma hice el pago, fui a la empresa en cuestión. La respuesta se repitió: Su cuenta está pendiente. Luego de enseñar los vouchers, recibos y demás, el empleado revisó y dijo: “Ah, no hay problema, lo único que pasa es que hemos acreditado a la cuenta de Paúl Calvache”. No, señor, ¡sí pasa! No tengo cara de llamarme Paúl y estoy perdiendo mi tiempo por su ineficiencia.

Estas situaciones se repiten a diario y el país no avanza. Los ecuatorianos seguimos esquivando nuestras responsabilidades, sin hacernos cargo de nuestros actos y nuestras equivocaciones, sin compensar al usuario por nuestra ineficiencia, culpando al otro y saliendo airosos luego de haber engañado o de haber hecho mal nuestro trabajo.

Estos cuentos son los cuentos de nunca acabar, pero parece que padecemos de una imposibilidad de asumir nuestra culpa ante los errores. Y esto no es privilegio de los artesanos, o los mandos medios, para muestra basta un vicepresidente incapaz de hacerse cargo de su ineficiencia como el máximo encargado de áreas estratégicas.

Es hora de enseñar a las nuevas generaciones que los errores se asumen y se corrigen. (O)

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