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Ser mejores personas para cambiar el país | Cartas al Director | Opinión

Ser mejores personas para cambiar el país | Cartas al Director | Opinión
Noticias Ecuador

Cuando era niña siempre quise ver a mi patria grande, que el Ecuador sea el país más honesto.

En la madurez, esos deseos se profundizaron y crecí con la ilusión de que cambiaría el mundo. En el camino las decepciones no se hacen esperar, crecer en un país donde la corrupción es el orden del día no solo en lo político sino en lo personal, provoca pensar que el bienestar social son quimeras. En el 2006 un rostro desconocido asomaba en la palestra política que prometía cambios para una sociedad que tenía adormitadas las esperanzas de días mejores. Fui a las urnas para apoyar a ese extraño. Pronto evidencié las obras que siempre quise ver: atención gratuita en los hospitales, escuelas del milenio, aumento de la clase media, universidades del conocimiento. La utopía se estaba volviendo realidad y yo no podía perderme de todas estas “maravillas”, cada sábado a las 10:00 tenía una cita con el televisor. Además, los gobiernos izquierdistas de Sudamérica nos daban los recursos para soñar otra vez; a cada rato se decía que “la espada de Bolívar se paseaba por América Latina”. El “patriotismo” se “elevó” con nuevos conceptos como “estudiar no para ser alguien en la sociedad, sino para transformar la sociedad”, “democracia no es solo igualdad de derechos, también de oportunidades”, “el hombre debe primar sobre el capital”… Diez años después, la venda que cubría los ojos cayó. De nada sirvió construir escuelas del milenio cuando adentro se violaba a los niños; de nada sirvió la bonanza petrolera si todavía hay pueblos pobres y los habitantes tienen que ser guerrilleros o narcotraficantes para subsistir; de nada sirvió manifestar lo de las “manos limpias, mentes lúcidas y corazones ardientes” si por debajo de la mesa Odebrecht les pasaba las coimas. Ecuador perdió la oportunidad de vivir una revolución pacífica, los cambios realizados nunca fueron estructurales y la corrupción impidió cualquier progreso. Pero las crisis siempre tienen una salida y esta es la de ser mejores ciudadanos, mejores hijos, mejores padres, mejores personas. Solo así el Ecuador vivirá una revolución trascendental, aunque el camino sea largo.(O)

Wendy Nathaly Zambrano León, 31 años, periodista; Guayaquil

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