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Suburbio despide a hinchas de Barcelona | Comunidad | Guayaquil

Suburbio despide a hinchas de Barcelona | Comunidad | Guayaquil
Noticias Ecuador

Tiene el nombre Mou y el número 8 estampado en el dorso. La camiseta del Barcelona, el equipo al que alentó hasta su último día de vida, cuelga en el ataúd de Javier Vélez Prieto, de 16 años, al igual que una bandera que envuelve el féretro.

Rodeado de flores amarillas y blancas, el ataúd es observado fijamente por su madre, Mercedes Prieto, quien llegó de Quito (ciudad donde ella vive) el lunes pasadas las 17:00.

Son las 10:00 del martes y el rostro refleja dolor y cansancio traducidos en lágrimas, en sollozos, en una interrogante que no parecería no tener respuesta: “¿por qué le pasó eso?”.

Javier es uno de los doce hinchas barcelonistas que fallecieron la tarde del domingo mientras regresaban de Cuenca en un bus de la coop. Señor de los Milagros. En esa ciudad el equipo porteño disputó un partido con el Deportivo Cuenca.

En medio de la aflicción por la pérdida del mayor de sus tres hijos, Prieto describe como un joven sano, sin vicios a Javier. Dice que anhelaba ser futbolista y jugar en Barcelona, equipo del que se hizo hincha por un tío suyo que solía llevarlo al estadio en Quito, donde él nació y vivió por ocho años.

Formados en doble columna, como si se tratase de un desfile deportivo, una docena de adolescentes y jóvenes llegan a la casa de Javier, en la 21 y Capitán Nájera, con una cruz de flores amarillas. Son los compañeros de la escuela Nueva Juventud del programa Más Fútbol.

Allí Javier, a quien en el barrio llamaban Moe (personaje de Los tres chiflados) por su peinado, entrenaba desde hace alrededor de ocho meses.

“Era un jugador polifuncional. A veces estaba de marcador, estaba de central, hasta de arquero mismo hacía, porque era muy entusiasta al deporte”, rememora Alberto Monzón, entrenador del equipo.

A pocas cuadras de este sector, en la 22 y Huancavilca, los recuerdos y anécdotas son, en medio del dolor, el tema de conversación en el velatorio de Cristian Jair Laina, de 17 años.

Shirley Morán, tía paterna, cuenta que el joven era emprendedor. Por eso, relata, estudiaba en la noche en el colegio República de Francia y en la mañana se desempeñaba como ayudante en un taller mecánico por las calles 19 y Alcedo.

“Habló con un señor y él le dijo ‘ven para que aprendas’. Le gustó y se quedó, ya tenía más de un año trabajando”, comenta Morán, mientras familiares y amigos se acomodan bajo una carpa instalada en la calle.

El domingo Cristian viajaba junto a su hermano mayor, Luis Macías Coello, de 22 años, quien se salvó de morir, pero tiene lesiones al igual que otras 23 personas que se trasladaban ese día en el bus que no tenía la autorización respectiva.

Sin emitir palabra alguna, Luis llora impotente ante el ataúd de su hermano.

Esa desazón se siente en la 22 y callejón Ayacucho, en donde se vela a Maike Salazar Alarcón, de 16 años, cuyo hermano estaba hasta la tarde de ayer hospitalizado en Cuenca.

“Hemos sido como hermanos todos aquí. Cuando alguien no tiene para viajar recogemos entre todos”, señala Smith Lainez, amigo de Maike.

El sepelio de ellos será hoy en el Cementerio General. Allí, ayer ya se sepultó a tres. (I)

12 hinchas
barcelonistas fallecieron el domingo en un accidente de tránsito en la vía Cuenca-Molleturo.

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